La salud de Quilmes en terapia intensiva

Dr. Jonatan Konfino

En los últimos días fuimos testigos de un nuevo retroceso en la salud del Municipio con el despido de trabajadores del Hospital Oller de Solano. Eduardo Oller, el primer médico de San Francisco Solano, es el nombre que lleva el hospital sub-zonal materno infantil, de gestión municipal, que demandará una inversión en 2018 de $217 millones para su funcionamiento y que está estratégicamente situado en una de las zonas más vulnerables del municipio. Junto con el Hospital General de Agudos Isidoro Iriarte y los 46 centros de atención primaria forman la red sanitaria local que da respuesta a los problemas de salud de los quilmeños y de cualquiera que lo requiera, desde la perspectiva del derecho a la salud que orgullosamente (todavía) ostenta el sistema público de salud de la Argentina.

Desde diciembre de 2015 hemos sido testigos de grandes retrocesos en materia de salud. Estos retrocesos tienen un primer anclaje con el deterioro de los determinantes sociales de la salud que son las circunstancias que explican gran parte de las enfermedades. Dicho de otro modo, el incremento de la pérdida de puestos de trabajo, la pérdida del poder adquisitivo del salario, los aumentos de las tarifas que han empujado a miles de familias a precarizar sus sistemas de calefacción o directamente exponerse al frío, por citar sólo algunos ejemplos, han empeorado las condiciones de salud de la población que se evidencian con el aumento en las consultas a las guardias y los centros de salud y con la interrupción de los tratamientos. A su vez, la ausencia regulatoria del Estado en materia de precios de los medicamentos ha contribuido a este fenómeno siendo que los aumentos en las drogas de mayor consumo aumentaron aprox. 200%.

A la pauperización de las condiciones “macro” tomadas si se quiere por fuera de lo que se conoce como el sector de la salud se han sumado las decisiones propias del sistema de salud: restricciones en el acceso a tratamientos de PAMI, cierres o achicamiento de programas nacionales como el REMEDIAR (que proveía gratuitamente medicamentos a los centros de salud municipales), los programas territoriales de promoción de la salud y el de salud sexual y procreación responsable, entre tantos otros. Las decisiones nacionales fueron en sintonía con las tomadas a nivel municipal que han generado durante 2016 y 2017 tomas de centros de salud en reclamo de más profesionales, más insumos y mayor atención. Indudablemente el deterioro de la atención en las salitas de los barrios, cuya responsabilidad de gestión es municipal se traduce en los resultados observados en el Estudio de Opinión Pública que publicó el Instituto De Estudio y Administración Local (IDEAL) en diciembre de 2017 donde se observaba que el 50% de la población opinaba negativamente de la atención.

Las consecuencias del deterioro sanitario re reflejan también en el brote de dengue que hubo el verano pasado en Solano, con la particularidad que sólo se observó en la parte quilmeña de Solano, denotando la ausencia municipal en materia de prevención y descacharreo. O también pudo observarse en el deterioro de las políticas de atención del consumo problemático de sustancias que debilitaron los dispositivos públicos a expensas de crecientes transferencias al sistema privado de salud, debilitando así la capacidad del Estado para la resolución y contención de los problemas. Finalmente, es necesario destacar que la tasa de mortalidad infantil aumentó en 2016 (11,4 por mil nacidos vivos) luego de 4 años consecutivos de descensos. Si bien el aumento es leve y no podemos aún hablar de alguna tendencia merece prestarle atención por el contexto en el que ocurre y porque también está sucediendo en otras jurisdicciones.

Como señalamos hasta aquí la situación de la salud de Quilmes dista de ser que todos querríamos. Lamentablemente no hay perspectivas de que vaya a mejorar ya que el presupuesto para salud en 2018 se reduce en -0,84 puntos según mostró IDEAL [1]. En 2017 el presupuesto en salud representaba el 8,79% del presupuesto, pasando en 2018 al 7,95%. Adicionalmente se reduce en $23 millones el presupuesto destinado al SAME local, lo que se traduce en la imposibilidad de tener operativas unas 7 ambulancias.

Esperemos que el pueblo empoderado y reacio a retroceder en los derechos conquistados pueda seguir organizándose como ya se demostró el miércoles pasado en el abrazo al Hospital Oller y en otras oportunidades para resistir los embates a la salud del proyecto neoliberal del gobierno de Macri que tiene en el nivel municipal a uno de sus mejores alumnos. El plan de negocios que lleva adelante el oficialismo tiene su correlato en la salud donde también se observa una creciente participación del sector privado a expensas del sector público. El deterioro de la salud pública es funcional a esos intereses siendo que los pacientes que no encuentren respuestas a sus demandas en el hospital o en la salitas intentarán encontrarlas en clínicas o consultorios particulares.

Ramón Carrillo escribía en Teoría del Hospital en 1951: “Los problemas de la medicina no podrán ser resueltos si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría, tampoco puede existir una medicina destinada a la protección de la colectividad sin una política social bien sistematizada para evitar el hambre, el pauperismo y la desocupación”. Es por ello que no podemos concebir un proyecto de salud sin un proyecto de país.




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