Informe de nuestra Subcomisión de Salud Mental

EL GOBIERNO ACTUAL, EL PRÓXIMO Y
LA SALUD MENTAL DE ARGENTINAS Y ARGENTINO
S

Desde todos los puntos del país nos llegan informes de profesionales y referentes sociales del Frente Ciudadano por la Salud coincidentes en un mismo diagnóstico: nuestra población está frente a una crisis sanitaria inédita, con profunda incidencia en la salud mental colectiva e individual, sin excepción de sectores. Dicha crisis no responde a fenómenos naturales sino a políticas del gobierno destinadas a producir modificaciones de fondo en las identidades y formas de convivencia social a las que considera como obstáculos a su proyecto de país.
Se podría afirmar que el gobierno actual viene deteriorando la salud mental de nuestra población por cinco vías principales:

1- Agrede y demoniza a las formas de identidad solidarias, de referencia colectiva y comunitaria, de ciudadanía plena y de ejercicio y ampliación de derechos en tanto las considera una traba para el disciplinamiento y despojo que conlleva su proyecto neoliberal.
Promueve como sustituto la mal llamada cultura meritocrática, la cual, en la actual situación de crisis económica productiva y social, vuelca sobre cada individuo y su grupo de referencia la responsabilidad por no poder mantener, menos mejorar, su calidad y proyecto de vida.
Aquel que no accede a participar de lo que hasta no hace muchos años era de acceso mayoritario no es reconocido como un despojado o despojada, sino un fracasado o fracasada.
Así, se avanza sobre la subjetividad de cada persona de modo de promover su ruptura con su cultura previa y con sus semejantes a quienes se trata de que los vea como un obstáculo para su bienestar.
No se puede pensar en mayor agresión simbólica que menospreciar las marcas de identidad una persona y su entorno, aquello que la hace singular y a la vez la vincula al colectivo en que se ha constituido.
En consecuencia, las formas y hechos de aislamiento, violencia familiar y social se multiplican, también las autoagresiones, las formas y episodios depresivos, la irrupción de padecimientos ya presentes pero que eran compensados en otras épocas, de mejor sociabilidad y contención general por parte de la comunidad y el Estado.
La labor de los y las trabajadoras de salud mental requiere hoy algo más que la respuesta terapéutica tradicional a padecimientos y afectaciones: se hace necesario trabajar en el rescate de aquellas identidades que se constituyeron en nuestro devenir social, aportar su reafirmación y denunciar el carácter antisocial y patologizante de las formas sustitutas promovidas por el neoliberalismo.

2- Despoja efectivamente a la mayoría de la población de aquello que no sólo hace a la calidad general de vida sino a la propia subsistencia; empleo, sueldo digno, servicios de salud, vivienda, educación. La vida de cada persona se empobrece, cada día se usa más tiempo para la sobrevivencia y menos para la sociabilidad y el desarrollo personal, familiar, comunitario. Ello incide negativamente sobre la posibilidad de prever un futuro, una realización individual y colectiva,
Todos resultamos más pobres y limitados, no sólo en lo que hace a los aspectos materiales de nuestra existencia, sino también en lo que hace a nuestra afectividad, nuestra convivencia con los demás y con nosotros mismos.
En este plano, nuestra labor requiere generar y consolidar dispositivos grupales e individuales que acompañen el proceso de resistencia contra este despojo y aporten al reagrupamiento de sus víctimas. Los espacios de salud, sobre todo aquellos más accesibles a la población –salas de Atención primaria, espacios comunitarios- deben abrirse a este necesario proceso de rearticulación social y acompañamiento en la crisis.

3- Sostiene el despojo y la degradación mediante la articulación de diversas formas violencia desde el Estado y corporaciones amparadas en legislaciones ad hoc.
Estas formas incluyen lo que definimos antes como despojo; suprimir derechos previsionales, laborales, sociales, ciudadanos, imponer precios inaccesibles para la mayoría de la población a insumos esenciales (tarifas de agua, energía, alimentos, atención de salud medicamentos). Pero este despojo se sostiene en base a la violencia directa en forma de: represión a la protesta social, la prisión política como forma de demonización y de disciplinamiento, los asesinatos “ejemplares” (Santiago Maldonado y Rafael Nahuel) y su promoción (Chocobar, la normalización del gatillo fácil y los linchamientos).
Todo ello en exhibición permanente y extendida desde los medios de comunicación de modo de desalentar la resistencia social e individual, generar una subjetividad sometida y de “sálvese quien pueda”, a la vez que se va entrenando a individuos y grupos cada vez más predispuestos a violentar cuerpos y leyes cuando la tensión política aumente. El pasaje al acto, la sustitución del diálogo por la violencia, conductas primitivas en lo individual, se proyectan a la sociedad como forma de degradación de toda relación.
La intervención directa sobre estas situaciones, a la vez que la lucha contra la normalización de este estado de cosas, la denuncia sobre el tipo de sociabilidad e institucionalidad que construyen, se presenta como otra tarea al equipo de salud y particularmente a las y los trabajadores de salud mental.

4- En este estado de crisis y decadencia de la salud pública la acción de gobierno completa su tarea de agresión a la subjetividad precarizando el sistema de salud en todos su ámbitos, desde la degradación del Ministerio nacional hasta la reducción de planteles, el retraso salarial, la reducción de cobertura asistencial, de la provisión de medicamentos, el abandono de la prevención y promoción de salud.
Precarización del sistema, deterioro de las condiciones de vida de la población conforman una crisis sanitaria que llevará tiempo, recursos y exigirá la articulación de todos los sectores para poder ser superada. Urge ir conformando equipos interdisciplinarios en todo el territorio, sobre todo en los crecientes y cada vez más numerosos bolsones de pobreza a fin de articular un plan de emergencia sanitaria accesible a todos y todas y articulado con todas las expresiones de organización comunitaria.

5- Estas cuatro formas de desarticulación social y subjetiva no podrían sostenerse desde el Estado sin una degradación de las prácticas y la palabra del gobierno: corporaciones beneficiadas son “mercado”, supresión de derechos es “flexibilización”, privación de libertad no sujeta a derecho es “preventiva”, sometimiento del cuerpo femenino es “dos vidas”, asesinato por fuerzas del orden es “legítima defensa”, toda crítica o acción opositora es “política” (en el sentido degradado que la antipólítica promueve), toda acción de gobierno es “el único camino”, la sobreexplotación de trabajadoras y trabajadores es “pasantía”. “nuevas formas laborales” o “adecuación a los tiempos”, los compromisos de campaña eran “un horizonte”, lo que no se puede justificar de ningún modo es “te la debo”.
Los ejemplos dan para un diccionario y una gramática, pero vale la pena resaltar que estas formas de agredir al otro con un uso del lenguaje donde el ocultamiento y el engaño son intencionales y buscan un fin ya planificado, no agotan el perjuicio que provocan sobre el colectivo. Esa forma de vincularse desde el Estado con la sociedad, tiene el efecto de normalizar una forma perversa de relacionarse y convivir las personas, genera un corrimiento de lo aceptado como ético y no ético, de lo que “está bien” y “lo que está” mal hacer y decir.
El uso arbitrario y discrecional del aparato judicial para convertir lo no legal en legal y ejecutar lo que se ha popularizado como lawfare (guerra jurídica) al servicio de las formas anteriormente descritas y de la demonización y persecución a opositores, completa este panorama de deconstrucción regresiva de la moral pública y la sociabilidad resultante.
A la vez, esta degradación del discurso público, la reproducción de una realidad ficcional, deteriora a las subjetividades por la vía de hacer aún más inaccesible el mundo en que se desplazan.
Esta estrategia, producida y sostenida desde el Estado, gran normalizador de conductas y actitudes, es generalizadora y multiplicadora de los padecimientos y situaciones de afectación a la salud mental que prosperan en nuestra población.
Se trata de una lucha desigual por la subjetividad. De un lado, el gobierno y los poderes fácticos van destruyendo la base material sobre la que se construyó una sociabilidad de convivencia y búsqueda del bien común a la vez que procuran suprimir las formas de subjetividad que aún la sostienen. Del otro, grupos e individuos fuimos condicionados a resistir, reagruparnos y buscar la forma colectiva de recuperar el manejo de nuestra vida social e individual.
En este plano, aún más que en los anteriores, la tarea sanitaria excede largamente nuestra labor como trabajadores de la salud.
Como ha sucedido en muchos momentos de nuestra historia, el principal aporte a la salud mental de los habitantes de nuestra Patria puede y debe ser producido desde el poder político.
Redundaría en un verdadero quiebre cultural que el próximo gobierno promueva desde hoy, en la labor de cada uno de nuestros referentes, un compromiso explícito y claro hacia toda la sociedad: restablecer el valor de la palabra pública, promover desde el Estado una verdadera revolución de veracidad, compromiso con las mayorías, diagnósticos coincidentes con la realidad, mensajes claros, promesas que se cumplen, supresión de la mentira como herramienta de gobierno.

Subcomisión de Salud Mental.
2/07/2019




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